Forjadores
En extensas zonas de nuestro país, desde hace siglos,se han dominado las tecnologías de obtención del hierro y su transformación, sobre todo, en las más variadas herramientas, siendo la forja (celentarlo al rojo y darle la forma deseada mediante golpeo) uno de los procedimientos utilizados. Los que desarrollan esta actividad son los forjadores, que tra-dicionalmente han constituido un grupo de especialistas diferenciado, cuyo trabajo se desarrolla en condiciones adversas y con conocida capacidad en la defensa de sus intereses.
En las ferrerías, llamadas menores y olachos, grupos de dos o tres forjadores obtenían las primeras formas de las piezas deseadas, colocando las barras de hierro, previamente calentadas, sobre un yunque y procediendo a su estirado y conformado, mediante sucesivos y acertados golpes de mazas o martillos, movidos por ruedas hidráulicas.
A partir del siglo XIV y sobre todo en el XVI, se implantaron en nuestro país numerosas fraguas o pequeños talleres de forja, instalados en bajos y tejavanas, que elaboraban pequeñas piezas en serie. Partían de barras y trozos de hierro y acero que calentaban en fragua y los forjaban sobre un yunque, por medio de golpes de martillos movidos a brazo y utilizando en muchos casos pequeños troqueles colocados sobre el material. En un taller de este tipo, trabajaban generalmente un maestro, varios oficiales y algún aprendiz.
Con la industrialización se desarrollaron los primeros martillos de forja mecánicos conocidos en nuestro país, como matxinos y se inició, a finales del siglo pasado e inicios del actual, la fabricación de piezas forjadas por estampación en serie, dando lugar a una importante industria transformadora.
La forja
Una forja tradicional se compone básicamente de un horno, el matxino y una cizalla.
El horno solían tener una única boca que servía, asimismo, para la salida de humos que se extendían habitualmente, por la nave de trabajo, para, finalmente, salir al exterior por huecos practicados en la parte superior de las paredes o del techo.
Las piezas se obtienen golpeando una barra o un tocho de hierro o acero entre dos estampas con la figura a obtener grabada en su superficie y sujetas por medio de cuñas. La inferior en la base de la máquina o cha-bota y la superior en una maza que cae verticalmente, por su propio peso, guiada entre dos columnas y colgada de una correa o tablas. La maza se hace subir mediante un sistema de volantes, engranajes y rodillos, dispuestos en la parte superior de la máquina, que es accionada manualmente por uno de los forjadores que controla el ritmo de los golpes y la altura de la caída.
Previamente, las barras o tochos de materia prima, se calientan en hornos que inicialmente utilizaban carbón, mineral o vegetal como combustible y más tarde fuel-oil, para pasar a gas, a partir de la década de los setenta.
Los martillos de forja, en muchos casos, hasta los años cincuenta, eran de construcción propia, basados en una estructura metálica de vigas unidas por remaches con su mecanismo a base de volantes, engranajes y rodillos en la parte superior, al que anteriormente nos hemos referido.
Los forjadores
Los forjadores trabajaban habitualmente en equipo formado por 3 ó 4 hombres. Uno de ellos accionaba la maza del matxino por medio de una palanca, haciéndola subir y dejándola caer, de mayor a menor altura, según la fuerza necesaria para la obtención de la pieza.
Los otros forjadores sacaban las barras del horno, cuando habían alcanzado la temperatura necesaria (unos 1.150° C), sujetándolas con la mano por el extremo frío, o con tenazas los tochos, y colocándolos encima de la estampa inferior.
Tras los golpes necesarios retiraban la barra con la pieza estampada en su extremo, la cortaban con la cizalla y volvían a introducir la barra en la boca del horno, sacando seguidamente una nueva, con su extremo caliente. Este ciclo de trabajo lo repetían varios forjadores uno detrás de otro.
El trabajador del fondo, a la derecha, acciona el mazo mediante una palanca. El primero a la izquierda prepara la barra y el segundo la presenta para el forjado (Foto Amaia Ros 05.1996).
La temperatura se controlaba visualmente "a ojo" por el color del hierro hasta alcanzar el "amarillo-claro" que se corresponden con los citados 1.150° C, que es la adecuada para la forja por estampa. Con esta finalidad alimentaban el horno con más o menos carbón o controlaban el paso del fuel-oil, todo ello manualmente, hasta que hacia los años 1.960 se introdujeron controles de temperatura automáticos.
En el caso de que a su juicio la pieza no estuviera suficientemente caliente, detenían su trabajo y esperaban el tiempo necesario hasta alcanzar la temperatura deseada.
Frecuentemente trabajaban durante 40 ó 45 minutos pasando a descansar 10 ó 15, en los que era corriente verlos asomados a la puerta de la forja, para salir del ambiente de calor y humo del interior.
Entre sus obligaciones también estaba la de cuidar que las dos estampas no se desplazaran de su posición por efecto de los golpes, para lo que periódicamente comprobaban visualmente las piezas estampadas. En caso de que se hubieran desplazado debían volverlas a su posición adecuada a base de golpes dados con una porra de unos 10 kgs., impulsada con la fuerza de sus brazos. Lo mismo ocurría cuando debían de cambiar las estampas y colocar una nueva pieza.
Trabajo muy duro
El trabajo era duro y penoso por el ambiente de calor y humo que dominaba el lugar de trabajo, así como por el peso del material que debían manejar, que variaba mucho según el tipo de pieza a forjar, pero que podía variar entre los 200 y 500 kgs. por hora de trabajo y hombre.
A todo ello se unía el ruido derivado del impacto de mazas de hasta 3.000 kgs. al caer y golpear contra la chabota, con una frecuencia que podía oscilar entre los 200 a 1.000 golpes por hora.
Por las características de las labores a desarrollar, eran precisos trabajadores con buena fortaleza física y habituados al esfuerzo, lo que dio lugar a que hacia la década de los 80, ya no fuera fácil encontrar gente dispuesta a desarrollar este trabajo, a pesar de que en general estaban remunerados por encima del resto de los trabajadores de calificación profesional similar.
Sección de forja y tornillería de la Unión Cerrajera a principios de siglo.
Habitualmente trabajaban a destajo o prima. El establecimiento de la producción a obtener o de la prima para cada pieza era frecuente causa de discusión. Cuando el cronometrador o responsable de producción debía determinarla, era habitual que el horno tardara en calentar el material, se precisaran numerosos golpes, o la pieza se enganchara en las estampas, todo lo cual limitaba el ritmo de trabajo. Sin embargo, una vez determinada la prima, estos inconvenientes desaparecían sorprendentemente, sin que se supieran las causas que lo motivaban. Todo lo cual hacía que las producciones a obtener se determinaran más por negociación y experiencia que por métodos más técnicos.
El aprendizaje, hasta adquirir alguna habilidad, precisaba de varias semanas o meses y mucho más tiempo para llegar a dominar el oficio como los forjadores veteranos.
Actualmente se sigue trabajando en muchos casos de forma parecida, aunque la automatización de los hornos y martillos, la introducción del gas, el control de la combustión y el calentamiento del material por electricidad, han mejorado las condiciones ambientales, aunque sigue manteniéndose el ruido y el elevado peso a transportar, todo lo cual hace que el trabajo siga siendo duro en la mayoría de los casos.
La defensa de sus intereses
Los forjadores como grupo han sabido defender sus intereses. Una canción tradicional "Forjarien kanta" popularizada por Oskorri es un buen ejemplo:
Forjarien kanta
Gaur forjariak lana utzirik
gatoz guztiok kalera
labeak oso itzaldu eta
protesta bat egitera.
Mailu burdinak bota ditugu
hantxe bertan bazterrera
ez dugu nahi berriro ere
toki hartara lanera.
Dinbili danba; gau eta goiza
su eta keen artean
sosegu eta deskantsu gabe
geure buruen kaltean,
horrexegatik lanak utzirik
gatoz guztiok batean.
Gora, bai, gora beti, gora forjaría;
langile trebe zintzo da mailukaria.
Lurpera, bai lurpera beti nagusia;
ez digute egingo hai duten guztia.
Ez badigu ematen arrazoia gurí,
ez badigu ematen behar legez ongi
su emango diogu gure fabrikari
eta nagusiaren etxe guztiari.
Hiru babarrun jategatik
horrenbeste neke, pena,
erdi ustelik aurkitzen dute
forjarien barrena,
gure kontura egiten dute
nagusiek nahi dutena,
gure lepotik gizentzen dute
bere faltrikara dena.
Oso goizetik lanean hasi
su eta keen artean,
dinbili, danba; gelditu gabe
guztiz ilundu artean,
arropa denak puskatezen eta
osasunaren kaltean
Ez badigute gurijornalik haunditzen
berriro gu ez gara lanera bihurtzen,
arrazoiz gehiago badugu eskatzen
ez gaituzte inola hoiek ikaratzen.
Ez badigu ematen arrazoia gurí,
ez badigu ematen behar legez ongi
su emango diogu gure fabrikari
eta nagusiaren etxe guztiari.
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